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De salarios, debates y futuro

Amado López vende café en la zona UASD (cortesía LD)

El debate de visiones sobre el salario en República Dominicana y las causas y consecuencias de la informalidad laboral, desarrollado sobre todo entre el Banco Central y el Conep, ha puesto en evidencia, pero ahora con más datos, lo que la mayoría siente los 15 y los 30 de cada mes: contrario a lo que ocurre con el costo de la vida, que se dispara a la estratósfera a velocidades de vértigo, los salarios se deprimen cada vez más, y apenas sirven para sobrevivir.

Mientras el Banco Central se esmera de explicar cómo, después de años de crecimiento macroeconómico, no logramos zafarnos de las garras de la pobreza, el sector empresarial representado por el Conep busca que se comprenda su afán por modificar el código laboral, afectando (aunque sea hacia futuro) conquistas como la cesantía, la jornada laboral o las reivindicaciones para las embarazadas.

En lo que todos los sectores y quienes seguimos con interés el intercambio de cifras y datos entre ambas instituciones coincidimos es en que resulta insostenible que, en un país que pretende desarrollarse y abrirse al mundo cada vez más, el salario real sea menor que en 1979, cuando bien sabemos que el costo de la vida se ha incrementado exponencialmente.

Lo que sí nos ha quedado claro, en medio del brumoso panorama de metodologías para calcular la formalidad y la informalidad del empleo y los beneficios de una u otra opción, es que lo que percibimos cada mes dista mucho de la dignidad. En lo formal, o en la chiripa.

¿Qué se puede hacer, que se acerque a la dignidad, con RD$5,000 a RD$11,000 pesos cada mes? ¿Qué motivación podría haber en una seguridad social sumida también en un proceso en el que se pone en entredicho la entrega de pensiones a la mitad de los afiliados, o en la que los servicios de salud son tan precarios que terminan sumando costos a los asegurados? Se ha sugerido que este es un buen momento para, junto al debate laboral, iniciar una profunda revisión de las políticas salariales y de la ley de Seguridad Social, que con sus baches, termina siendo una gran frustración para sus afiliados.

Este debate ha servido para que nos hagamos conscientes de que los ingresos en el mercado formal dominicano terminan empujando a una informalidad paralela (quién no tiene un “picoteo”) o que los propios empleadores “formales” tienen estratagemas para no pagar beneficios laborales (basta con ver las denuncias de evasión y elusión en el sistema de seguridad social o el reciente reportaje publicado por 7 Días sobre los empacadores de supermercados).

Lo mejor de la contraposición de opiniones entre Conep y Banco Central es que permiten que nos miremos en el deprimente espejo de nuestra realidad, de nuestra escasa capacidad de competir y generar riquezas. Luego del desahogo, lo que queda es trazar el mapa hacia una sociedad que deje de premiar lo mal hecho y ponga al trabajo en el centro del progreso.

María Isabel Soldevila

Journalist, Communication Specialist, woman, mother, partner, I am building myself every single day.

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