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Le journalisme et la communication sont ma passion. A «multitasker» avec une expérience significative dans la gestion de nouvelles et de contenu stratégie. Mon but est de travailler dans un environnement multiculturel et innovant. Maintenant, à Bruxelles.

¿Se cocina un país inviable?

Luego de unos meses concentrada en una de las más afanosas y hermosas facetas de la vida de una persona (traer hijos al mundo) regreso de golpe a una realidad que se complica cada día más.
Asalto en Najayo, asesinato en La Victoria, atentado en el Metro, intento de sabotaje de  torres eléctricas, expedientes de enriquecimiento ilícito de alto calibre… para quienes creen en las conspiraciones, la mesa está servida.

Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo hombres el día del ataque.
Cortesía Listín Diario

¿Consecuencia de la desesperanza? ¿El desgarramiento social ante el impacto del crimen organizado, tanto en la política y el gobierno como en la empresa y la sociedad entera? ¿Un plan para desestabilizar al gobierno?
Desde la denominada “masacre de Paya”, que nos hizo despertar ante el impacto de las redes criminales en el país, hemos vivido en una escalada que nos ha hecho conocer la narconovela de la vida real de Quirino y Figueroa Agosto hasta el hallazgo de un laboratorio de producción de drogas en San Cristóbal. Sumarle a ese panorama algo tan grave como un intento de sabotear el sistema eléctrico o un ataque mortal en una prisión (algo que, por cierto, no lo hace un llanero solitario) nos lleva a un grado de complicación mayor del que creíamos.
La paz social de este “país sin consecuencias”, como le llamó Miguel Ceara Hatton, agoniza en medio de titulares sangrientos que nos anestesian, sacudidos cada cierto tiempo por las Francina Hungría, las Zuleika Flores, las Natascha Sing, los Jordi Veras o los bebés del Robert Reid Cabral.
Alienados ante la tragedia de la desesperanza, nos encerramos cada vez más en nuestros pequeños mundos, aterrorizados ahora también por los muchachos con mochila.
Que la historia de una dominicana de Las Cañitas cuya hija “No pudo seguir estudiando ni encontrar un buen trabajo porque carece de los conocimientos informáticos necesarios ya que en su colegio no había ningún ordenador” y el contraste con las clases más pudientes termine ejemplificando las brechas sociales en el mundo en un informe de Intermon Oxfam es sintomático de lo que nos espera si seguimos sembrando desigualdad.
Optar por el camino del trabajo, la honradez que acumula monedas para una precaria vejez machacada por una deficiente seguridad social, un deprimente sistema de salud y unos salarios de miseria no luce una opción atractiva para tantos jóvenes que no encuentran ya manera de salir del barro de la indiferencia de los gobiernos o el desprecio de las clases alta y media.
¿Podremos criar a nuestros hijos aquí? Si seguimos de brazos cruzados, cómodos en una burbuja, creo que no.

María Isabel Soldevila

Journalist, Communication Specialist, woman, mother, partner, I am building myself every single day.

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