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Journalism and Communications are my passion. A multitasker with meaningful experience in news management and content strategy, my goal is to work in a multicultural and innovative environment. Now in Brussels.

Empantanados, ¿sin remedio?

Cuando esta semana la ministra de Salud recomendó postergar el embarazo ante la inminencia de la entrada del virus zika, pensé: qué fácil sería, si hubiese educación sexual real y generalizada, acceso eficiente a métodos anticonceptivos – más allá de la extremadamente común esterilización femenina- promover esta precaución.
La confirmación de la llegada al país del zika nos encuentra en la misma situación de indefensión ante la reproducción del mosquito que la porta que hemos tenido por décadas con el dengue, una enfermedad endémica que el año pasado causó 103 muertes.
Año tras año se habla de agua acumulada en desechos, de envases sin tapar, pero el hacinamiento en que vive la gente en los barrios y la deficiencia del servicio de agua, sumado a unos esporádicos intentos de alertar y educar una población centrada en la supervivencia hacen fracasar esos esfuerzos una y otra vez.
Y mientras todo esto ocurre, los médicos se van a huelga, la policía habla de perfiles sospechosos y volvemos a necesitar un debate nacional sobre los motoristas sin placa, sin casco, sin permiso de conducir.
Y mientras los problemas reales se acumulan, los extremistas religiosos quieren revivir a las brujas de Salem versión criolla y leer en templos e iglesias los nombres de candidatos que apoyen que quien se ama se ame, que las mujeres y las niñas no tengan que morir o sufrir por un embarazo peligroso o consecuencia de una violación, de un incesto.
Todo se resume en una falta de autoridad, que no de jefes; de autoridad, que no de autoritarismo.
De liderazgo, que no de mano dura.
¿Cómo salir del pantano? ¿Cómo lograr que la gente se detenga en el semáforo en rojo, que no le pidan a uno “algo” para resolver un tramite, que las leyes tengan sus reglamentos y se apliquen, que no sigamos tan desamparados? Con votar ya no basta. Con esconderse tras las verjas de la casa, los vidrios ahumados del carro o la vida de centro de ciudad tampoco. ¿Cómo empezar a ejercer ciudadanía que transforme? Contestémonos esa pregunta para arrancar.

María Isabel Soldevila

<p>Journalist, Communication Specialist, woman, mother, partner, I am building myself every single day.</p>

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